Chiyo: "Este gobierno tampoco trabajará por resolver la impunidad de los crímenes de guerra" | Revista Gato encerrado

Chiyo: "Este gobierno tampoco trabajará por resolver la impunidad de los crímenes de guerra"

Chiyo representa a los miles de niños y niñas que les tocó vivir en la década de los 80 y que se vieron obligados a enfrentar y pagar las consecuencias del conflicto armado en El Salvador. Hoy,  poco más de dos décadas de finalizado el conflicto, Chiyo nos comenta en esta entrevista sus valoraciones de posguerra.



Por Ezequiel Barrera

Lucio Vásquez "Chiyo", tenía tan solo ocho años de edad cuando perdió a su madre, Feliciana Díaz, y a su hermana embarazada. Fueron asesinadas por paramilitares que al menos les colocaron 12 balas a cada una entre en el torso y cabeza. Su único delito fue defender la dignidad de la clase trabajadora que había sido reprimida por muchos años.

Entre el archivo del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) se encuentra un video de Chiyo en el que cuenta, poco tiempo después de esa trágica escena, cómo sucedieron las cosas. Con voz de niño, pero hablando de cosas que hablarían adultos en el corazón de la guerra, Chiyo relató:

—Cuatro familias mías han sido masacradas por la represión. Y yo quería contarles, compañeros, que yo andaba encerrando unos terneros y entonces llegaron a la casa... uno de ellos sacó una nueve milímetros y les disparó, y quedaron los dos cadáveres ahí.. Y cuando yo llegué ya hallé a las dos muertas.

***
Foto Archivo MUPI
Chiyo, es la sencillez personificada. Una sencillez que se vuelve compleja cuando alguien se sienta a su lado para escuchar sus recuerdos de guerra. Recuerdos que no necesariamente saben a gloria, porque tuvo que vivir en carne propia los atropellos de la represión en un país que a finales del siglo XX  vomitaba muertos —y parece que no ha cambiado mucho—, por causa de la desigualdad económica y social.

Además de sencillo, Chiyo también es muy accesible. Prueba de eso es que no necesitamos mucha gestión para sentarnos a platicar con él en el MUPI, donde ahora se encarga de ser un promotor de la cultura de paz, y enseñar a través de “Siete Gorriones”, su libro dedicado especialmente a su familia, quienes le enseñaron que para tener una vida digna para su pueblo, valía la pena luchar y dar la vida por ello.

Esta entrevista, con el niño que encontró a su mamá y hermana asesinadas por paramilitares y que también colaboró con Radio Venceremos durante el conflicto armado, recoge las valoraciones de posguerra que ahora tiene. Entre las cuales es enfático en decir que "las heridas de la guerra aún siguen abiertas", y eso a pesar de haber transcurrido un poco más de dos décadas de la firma de los Acuerdos de Paz.

¿Por qué todos le dicen "Chiyo"?
"Chiyo" es un nombre que heredé gracias a mi hermano que murió en la guerra, Juan bautista. Eso fue en el 86.

¿Cómo fue la infancia de Chiyo en el contexto de guerra que vivía?
Mi infancia fue marcada por la represión desde el Estado, porque cualquiera que pensara diferente o contra el Estado a través de sus ramas paramilitares, fuerzas especiales, guardia nacional, policía.. el Estado persiguiendo a la sociedad. Y algunos militares todavía se jactan de eso. Esa etapa también está marcada en mi vida porque tocó a mi familia. Cuando yo tenía 8 años en 1979, la Guardia Nacional asesinó a mis hermanos Chepito y Layo. En febrero del 80 fue acribillada mi madre y mi hermana Dorita con tres meses de embarazo en la casa.

Luego viene la huida, yo sin saber leer y escribir, me tocó andar en la guerrilla. No significa que andaba armado, porque la guerrilla incluso estaba mal armada. En ese período se viene la migración de casi mil campesinos del Cerro Cacahuatique Osicala hacia Colomoncagua Honduras, una ciudad fronteriza con El Salvador. Allí es donde me niego a refugiarme y me quedo con la guerrilla, y donde empiezo un proceso de aprender a leer y escribir rápido, porque en la guerrilla niños y hombres y mujeres aprendieron.

A las 12 me integré como militante y nunca me imaginé que la guerra tardara 12 años, esa guerra que tanto trataba de detener Monseñor Romero con sus palabras. Y me iba a llevar a tres hermanos más, esta guerra se llevó a mi familia.

¿Qué pasaba por la mente de un niño de 10 años, cuando ya le habían asesinado a sus hermanos y madre?
Que el Estado te perseguía aún siendo niño. Nosotros conocemos al asesino de mi madre, se llama Eliseo Canales, pero a pesar de conocerlo no guardamos ningún rencor pues el perdón es primordial.

¿Qué significó para Chiyo el año 1992 cuando se firmaron los Acuerdos de Paz?
Un año de muchas preguntas y pocas respuestas. La mayoría de los ex-guerrilleros todavían siguen esperando respuestas. ¿Qué empresa privada te iba a dar trabajo? Si eramos tildados de terroristas, comevacas, comeniños... saliendo con una guerrilla sin familia, sin dinero, sin casa... te imaginas la incertidumbre. La nostalgia de dejar un arma que sirvió para defenderte y que también te ayudó a pelear. Aunque hubo programas de reinserción, al final fueron una burla.

¿Cómo se enfrentó con la vida después de los Acuerdos de Paz?
Fijate que en el 93 emigré a México. Es difícil madurar en un ambiente de guerra, entre bombas, balas... quedarte a vivir en un lugar donde pasó todo eso no era sano. Yo dije que quería ir a otro lugar, aunque me ofrecieron ser parte de la PNC que iba a sustituir a la Guardia. Pero para mí era una locura, pues desde niño conocer las armas, empuñarlas de joven y seguir con armas en una esquina cuidando empresas, babosadas así, para mí era ridículo. Porque yo empuñé un arma en defensa de la vida, no por fanatismo. Todas esas cosas se unieron y creo que por ahí viene que me iba para México.

¿Qué pasó en México?
Para resumirte, me encontré a amigos y fui allá para trabajar. Encontré trabajos de empresas de seguridad y lo consideré ridículo. Me encontré con "Maravilla", con quien habíamos trabajado juntos en Radio Venceremos, iba para capacitarme en una onda de micro empresa y no tenía idea de eso, ahí me encontré con él que me ofreció trabajo lavando carros, luego estuve en prensa y relaciones públicas y así fui madurando en trabajos que me dieron confianza sin currículum. Luego fui asistente de audio y luego asistente de cámaras en telenovelas de TV Azteca. Gracias a la confianza de gente que ya murió.

En México aprendí a jugar pelota y a tocar música, y de niño cuándo iba a hacer eso yo. En la guerra me tocó ser hombre donde recibía órdenes porque el verticalismo de la guerra hacía que obedecieras porque una indisciplina que cometieras te podían ajusticiar. Así como lo describo en el libro "7 Gorriones".

Mi vida ha sido al revés, mi niñez estuvo marcada por la guerra, perder a mis hermanos, luego en México fue una escuela, y además fue una ventana para sacudirme la sicosis de guerra que llevaba. Porque soñaba con escenarios de combate, con olor a pólvora. Ese tipo de imágenes que se quedan grabadas de un compa que le han volado un brazo o una compa con una pierna herida que la están curando.


Los hombres y mujeres que se quedaron en El Salvador y fueron guerrilleros ¿se habrán sacudido también esa sicosis de guerra?
Fijate que esa es una investigación que está por hacerse, yo pienso que esa investigación que debe hacerse. Esta es una herida que está abierta porque nunca hubo atención psicológica para ellos, yo sé que algunos se dedicaron a tomar y murieron en el vicio. Algunos lo han superado y ahora hablan de eso. Pero buena parte de ellos no hablan mucho de su pasado. La gente debe saber que un veterano no solo anduvo con armas. Un veterano de la guerrilla era alfabetizador, respetaba a los soldados, concientizador, lanzaba campañas de salud, sabía cómo  estancar una herida. Esos principios creo que también te hacen madurar.

¿Cuáles serían las otras heridas de guerra?
La impunidad, la corrupción y el narcotráfico se han acentuado en El Salvador. El círculo vicioso de la violencia se sigue reproduciendo en los medios de comunicación, la iglesia y los grupos de poder que dominaban a la Fuerza Armada. Los sectores que financiaban la guerra, como no la sintieron siguen reproduciéndola. Es que el caos de abajo genera negocio para ellos. Venden las armas, la droga, tienen las empresas de seguridad, aquí es un corredor de drogas. Y la impunidad de militares y empresarios y gringos contra la población civil, ese tema no se ha tocado, porque una cosa es la amnistía general, pero otra es la amnistía que aprobó ARENA para no tocar los casos de crímenes de guerra. Y las víctimas siguen clamando justicia. Porque entonces cómo perdonar si no sabés a quién.

El reflejo de que el militarismo no desapareció con la guerra, es el hecho de la desobediencia a Funes con quitar los nombres de militares señalados como autores de delitos de lesa humanidad. Como el general Monterrosa. Ochoa Perez que cometió crímenes en Cabañas y lo seguimos teniendo como diputado. Siguen siendo nocivos en la política.

Entonces ¿cómo entiende los Acuerdos de Paz?
Para mí Acuerdos de Paz es entrar en la rama de salud, agua para todos, educación... y no solo para algunos que venden armas y los demás que se chinguen y si se matan les vendo las armas. Eso no es paz verdadera, sino paz de cementerio. Muestra de ello es que a nadie de esos ves caminado en la calle. Eso muestra que los grupos de poder acentuaron la pobreza. Sino ¿por qué 500 salvadoreños se van de El Salvador diariamente?

¿El conflicto no marcó un cambio?
No, marcó el fin de la represión y el militarismo puro.

¿Habrá voluntad en este gobierno para resolver la impunidad de los crímenes de guerra?
No, yo lo dudo porque acordate que la comisión de la verdad dice que el 15% de crímenes de lesa humanidad le toca a la guerrilla, y entre esos hay funcionarios en el gobierno. Lo veo difícil si no hay un reclamo fuerte. Este gobierno tampoco trabajará por resolver la impunidad de los crímenes de guerra.

¿Y la sociedad estará organizada exigiéndolo?
La sociedad salvadoreña no está defiendo un interés de país, cada quien defiende lo suyo. Aquí hay gente humilde que se vuelve tirana. Los jóvenes tienen la mente fresca, manos frescas para crear una cultura de paz. Tienen la responsabilidad de darle vuelta a todo esto. Tiene que haber un reclamo fuerte incluso para cambiar la constitución para que ya no sea reprimido. A los jóvenes les pido que sean curiosos con el pasado y que nos proyectemos al futuro.

[Fin de la entrevista]

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