Sobreviví al bello San Salvador | Revista Gato encerrado

Sobreviví al bello San Salvador

Uno no puede sobrevivir a un lugar bello; lo bello se disfruta, se añora. Un pequeño desvío de mi ruta me llevó a transitar por los inolvidables senderos de la capital de El Salvador. Esto fue lo que encontré. 

Alguna parte de San Salvador. Foto/Referencia-Internet

Por Yolanda Burgos/Blogs

Volver al gimnasio era uno de mis propósitos de año nuevo, y como buena cumplidora me desperté ese día, sí, ese día que deseaba con todo mi corazón que no llegara nunca. El calendario marcaba 05 de enero y el reloj las 06:15 a.m. Debía apresurarme ya que mi mamá me llevaría y así me ahorraría el complicado trayecto de esa hora pico en la capital.

Cuando me encontraba cambiándome, un viejo amigo llegó inesperadamente por la ventana (como siempre) Sabía que era él porque irradia una luz impresionante, aunque hasta el día de hoy confieso no logro distinguir si son sus ojos, sonrisa o qué lo que hace que tenga un brillo espectacular con el cual me transmite su calidez y su paz.

Llegué al gimnasio con todas las ganas de dar lo mejor de mí, y así lo hice. Terminé mi rutina a las 10:15 a.m. Me bañé y cambié rápidamente ya que tenía planeado regresar a mi casa para almorzar y descansar antes de irme a trabajar; pero no contaba con que una decisión repentina me cambiaría la agenda, pues en lugar de abordar la ruta que normalmente me lleva a mi casa, decidí subirme en un bus de la ruta 30 y ahí comenzó la aventura.

Por fuera parecía un bus común y corriente, pero cuando entré me di cuenta de la realidad. Llevaba la radio a todo volumen con una canción un poco peculiar en su letra que decía: “Tómala que es tuya”. (Si te ríes al leer esto, sabes de lo que hablo) y por cómo vi al motorista dije: “Dios guárdame y permíteme llagar a mi destino”.

Efectivamente Dios me guardó y llegué a la parada de buses de una reconocida universidad en el Centro de San Salvador, justamente esa que estás pensando, la de color ocre o vino viejo como se conoce.

Me bajé y decidí caminar por la calle Rubén Darío para ver qué me encontraba. Error, la pregunta debió ser ¿Qué no encontrarás en el Centro de San Salvador? A medida que me iba adentrando a la jungla capitalina, las diferentes frases y canciones se hacían oír con más fuerza.

Al escuchar todo tipo de coloridas frases, me detuve en uno de los puestos del lugar, específicamente en el de Doña Laura que con una amable voz me dijo: -¿Qué va a llevar corazón? Le tengo tomate, pepino, cebolla, etc. A dólar-. Y por compromiso le compré $1 dólar de tomates para mi mamá. Mi curiosidad no pudo más y le pregunté su nombre y adónde podía comprar una mochila buena, bonita y barata, a lo que ella respondió: -Mire corazón, váyase por toda la calle y una cuadra abajo encontrará de todo lo que necesite”-
-Gracias- respondí

Seguí caminando y ciertamente encontré todo lo que necesitaba, pero lo que realmente me impresionó fue ver que unas semanas atrás, ese mismo lugar contaba con diferentes accesorios navideños para el hogar, y ahora se había convertido en una inmensa librería, que de hecho ahí compré el bolso para llevar la comida al trabajo.

En medio de empujones, jalones de brazo y frases como: -Vaya corazón ¿Qué va llevar? Aproveche “cachada” de sandalias y zapatos, “horchata a Cora”, “guineo de seda 4 por la cora”-, entre otras.

Logré llegar esquina opuesta a Catedral Metropolitana. Ahí se encuentra un comercio donde se escucha música de artistas como los Guaraguao, Mercedes Sosa, etc. Aparte de estar lleno de suvenir de un reconocido partido político, y de un respetado personaje salvadoreño. Efectivamente hablo de Monseñor Romero.

Al llegar a ese lugar sabía que mi retorno a casa se acercaba, pero no podía irme sin llevar un par de “películas a dos coras” ($0.50) y que me digan: -“de a dólar la libra de uva dulcita y cholotona”-, por supuesto no podía dejar pasar la oportunidad de hacer mi “regateada” del día.

Por cierto “waché” unas blusas bonitas y de las que quiere mi hermana menor ahí por el kilómetro 0. Aclarando que el salvadoreño no observa, “wacha”.

El Centro histórico de San Salvador es de esos lugares enigmáticos a los cuales siempre quieres -o necesitas- volver por muy lejos que te encuentres del país. Pocos lugares como este en el mundo.

Sin duda alguna la capital está llena de nuestra cultura popular. Buena o mala no lo sé, pero que nos hace diferentes del resto me queda claro que sí.

Por eso nos wachamos la próxima semana.


¡Bendiciones y éxitos para todos!




Yolanda Burgos. Amante de la moda y de las ideologías reformadas, sedienta de justicia social, no me fío de nadie y disfruto mi libertad. Bloguera de Gato Encerrado.
@yolandaburgos6








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